sábado, 10 de enero de 2009

Nada


Vi la nada,

bebí ese

mar que

logró separar

el presente del

pasado.

Abracé esa

nada, la

lluvia no

pudo pensar

el dolor que

dejó tras cada

paso.

Adormecida

beso el suelo

acariciando

esas cuatro

paredes, fieles

amigas de risas

y llantos.

El incoloro

silencio corre

tras esa nada,

vacío u oscuridad,

sonámbulos diurnos

envejecidos por los

años, limitan aquellos

condenados escenarios

de preguntas sin respuestas

y respuestas sin palabras.

Sólo hay un remedio,

tan solo una cura,

toda enfermedad

ha de ser paliada.

No sirve el autoconvencimiento

ni el uso de máscaras

que arrastran una

solitaria soledad que

trata de captar con

engaños aquellos

que aún luchan por

el amor verdadero.

Arquitecturas contruídas

sobre la nada, juegos

de naipes sobre la

cama, dudas y dudas,

amar o ser amado,

qué postura debe

el corazón tomar,

actuar o esperar,

dejarse llevar o

luchar.

Soñar o contentarse

con la realidad,

beber de esta

preconcebida

y politizada

verdad o adentrarse

de lleno en el conocimiento.

Somos almas contradictorias

sin un destino determinado

que huyen de escaparates

y diccionarios andantes,

alejándose de la

necedad e hipocresía

producidas por aburguesadas
mentes que no apuestan
por temor a ver la propia
realidad de solitarios
ases de corazones
protegidos por egoísmo
y superficiales fachadas.





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