sábado, 31 de enero de 2009

Volaban las


hojas enredándose


con las pestañas,


se sumergían las


lágrimas en un


café ardiente.


El humo iba y

venía tratando

de acariciar el

cabello.

Fluídas conversaciones

bloqueban los oídos,

risas, miradas, dulces

cuerpos, melodía

corporal abrazada

a lisas paredes guardando

guiños y secretos.

Ese aroma, esa

dulzura, esa tristeza

que deambulaba

con firmeza entre

las mesas.

Abriéronse los ojos,

vacios, nadando

en la nada, ahogados,

soñadores, realistas,

escritores del

pasado, presente

y futuro, sillas

vacías, manos

de tinta, papeles

blanquecinos, grisáceos

contienen toda una

vida.

Cuantos años pasaron

y aún sigo aquí,

dibujándote, besándote,

pues tú, Poesía, eterna

página esperando

ser delimitada por

palabras logrando
así recomponer
el ansiado mañana.

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