lunes, 2 de febrero de 2009


Caminaba sin
pisar sobre el
dulce agua
que bañó
nuestros reflejos.
Agua que nos
fotografió ese
día, dejó de
ser acuarela
para convertirse
en desfigurado pincel,
en pintor de palabras.
Agua convertida en
huella dejó ecos
susurrantes ese
doloroso agosto
sin despedida.
Sin final, sin
continuidad,
sólo hubo
miradas petrificadas
sobre helada agua.
Agua evaporada,
rostros ahogados
en sus propios
reflejos.
Somos sombras
proyectadas de
aquello que fuimos
y no seremos.
pumukimuakas

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