lunes, 2 de febrero de 2009

No duermo
sino rozo
la esencia,
procuro besar
la última bocanada
de esa esperanza
que hace estragos
por resucitar cada
mirada.
Es tan larga
la noche y tan
corto el día
que temo perder
el último tren
de la vida.
Sobre el escenario,
yacen viejos títeres
que dieron vida
a lo escrito sobre
viejos legajos.
Pliegos de papel
afilados como dientes
de un cuchillo que
desea rasgar ese
velo tupido, calado
hasta tu cuello.
Ese papel que desea
libertarte de cualquier
tipo de atadura pues
es tu libertad lo ansiado.
Si pudieras ver, oír,
sentir, tocar, oler,
saborear, si pudieras
ver la realidad, serías
todo lo que desearas.
Miro el cielo, ese
cielo que un día
me abrazó pero que
un día también me
tiró al suelo.
Pasa el tiempo, no
deja de caminar,
los sentidos no
son sentidos
sino el preludio
de un sentimiento.
La luna está tan lejos,
el sol duerme demasiado
cerca cuando es la mirada
quien desea la oscuridad
para poder acercar mi
corazón a tu corazón
mientras sueño.
Abiertos los ojos
miro de esquina
a esquina aquello
cuanto besé, dejando
rojas marcas en cada
pared.
Sigo aquí cabizbaja,
con ausente mirada,
eterna expresión
extraña.
Sigo aquí mientras
la lluvia cae y el
sol oscurece cuanto
posee.


pumukimuakas

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