sábado, 14 de febrero de 2009

Para, pulsa
el rojo,
enfurece
la mirada,
párate y
abre los
ojos.
Siéntate,
observa,
pulsa de
nuevo
hasta
encontrar
aquello
que llene
de nuevo
el vacío
que dejaron
aquellos
que se fueron.
Acaricia la
tierra, besa
esa huella
de quienes
fascinaron
tu mente,
busca, encuentra,
camina hasta sentir
reseca la boca.
Busca ese manantial
que alivie el
deshidratado rostro,
se alfarero, costurero,
moldea, cose recuerdos,
formula el sino hasta
definir aquello no
definido.

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