jueves, 26 de febrero de 2009

Pendía la
inseguridad,
acariciáronse
los sueños
palpando cada
lágrima de tu
ojo seco.
Sostenida la
inseguridad
con alfileres
afilados.
Los dientes sellaban
los labios limitando
la boca, arrancaban
insonoros versos
de un corazón
somnoliento.
Miraban sin
mirar las pestañas
cerradas, dulcificadas
por realidades paralelas
a la realidad suprema.
Y ¿qué es la realidad?
Días en cápsulas
edulcorantes trasladando
cada cuerpo a mundos
lejanos donde no
exista el miedo ni
el desconsolado llanto.
Pues es la realidad
eterna batalla entre
materialismo y sentimientos
donde la verdad ha sido
asesinada por frías
superficies amargas.

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