viernes, 13 de febrero de 2009




"Quien te ha visto, quien te ve y sombra de lo que eras", obras de Miguel Hernández, Madrid, 1929.
Tan sólo el título te hace pensar, cuantas veces has borrado de la mente aquello perjudicial o has tratado de olvidar cada caída o erros, deseo tras deseo corrías tras el renacimiento, renacer lo muerto, llenar de vida lo que dabas por muerto. Infinitas horas encerrado en el propio cuerpo elaborando nuevas historias que lograsen llenar las sombras que durante tantos años te han arrastrado a lo que eres actualmente.
Decidían ir por un camino y todos iban, vestían disfraces impuestos por una particular moda donde todo vale menos el realismo; colores vivos para ocultar la tristeza, vida nocturna para borrar durante unas horas el mísero historial que tenemos donde todo vale y el alcohol te lleva a un estado vegetativo.
Vida nocturna, ese corto espacio de tiempo convertido en el hilo conductor de nuestras vidas, bajo el slogan: tanto tienes tanto vales, nadie conoce a nadie, nadie sabe la verdad, tan solo posturas y disfraces que te convierten en figurante de un teatro de títeres: bululú o naque, nadie sabe nadie elije, alineados movimientos para una estática evolución.
Adormecidos los sentidos, consumo masivo de ideas cuya fuente principal reside en yuxtapuestas imagenes concebidas para alejarnos de aquello que realmente somos por temor a no ser aceptados.
Falta de comunciación, conformismo, no hay personas sino borregos, muerto el arte, muerta la poesía, muerta la música tan solo quedamos reducidas a esas etiquetas adquiridas en grandes superficies de Gran Vía.

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