domingo, 1 de febrero de 2009

Si pudiera
entrar,
si pudiera
ser testigo
de aquello
deseado.
Olvidaría
cada camino
para empezar
de nuevo.
Quiero entrar,
abrir la puerta,
ser ventana,
ser cama,
ser aquello
que tu alma
necesite,
ser composición
sin compositor,
ser leve susurro
dormido en tu
oído.
Quiero ser aquello
que te haga sonreír,
dormir mientras
me abrazas, dormir
mientras compartimos
cada sueño.
Quiero entrar, pero
tan sólo he llegado
al umbral de una
oscura puerta.
Nada sorprende,
nada acelera la
pasión, nada roza
tu corazón.
Fuerte viento
en sosegado ocaso,
te hiciste a ti mismo
te convertiste en alta
muralla.
Ahora, sentada en esa
fosa, miro la cumbre que
nos separa, cuanto fui
y no seré, cuanto pude
ofrecer y jamás volverás
a poseer.
Tres años, largo tiempo
para tan poca vida
malgastados en el
olvido de aquella
infancia perdida.
Hace frío, hace intenso
calor, acumuladas sensaciones
arrinconadas en una solitaria
habitación.
Y juegas, sigues jugando
a ser aquello que no
podrás ser pues no
deseas ver lo que eres,
tratas de caminar tras
los pasos de los demás,
no deseas ver que eres
incomparable y especial.
Temes, pues sabes que
eres tu peor enemigo,
esa leve voz que grita
ecos desesperados.
No pares en lo alto
del camino, continúa
pues es peor guardar
la incertidumbre.
Búscate, encuéntrate,
piensa con el corazón
en las manos, siente
con la mente, proyecta
la mirada y descubre
todo lo que no
quisiste ver.
Rescátate de aquello
temido, levanta el
rostro y borra el
calendario, siente
y se sentido.
Cuánto más prolongues
el destierro más difícil
será rescatarte.
Ofrece tus palabras
y yo compondré versos,
ofrece tus besos y dibujaré
nuevas palabras, se concepto,
se mi definición

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