martes, 14 de abril de 2009

Azul, te llaman
azul.
Suave viento
sobre tu pelo,
manos enredadas
en tu cuerpo.
Rojo, eres rojo,
guiño perfecto.
Negro, solitaria
llama apagada
bajo el agua.
Blanco, destello
enquistado en
la boca.
Turbulenta senda
bajo espigas de
hierro.
Subo al cielo,
toco el destierro,
hablo de la nada
llenando el vacío
de silencio.
Bajo a la tierra,
coloco cada pieza
del rompecabezas,
descompongo palabras,
lengua pegada al
paladar, susurrando
que olvidé encerrado
en el último cajón
los tupidos velos
que guardaron el
corazón del dolor.
Ahuyentando el
acelerado cosmos
la vida es vida
si el recuerdo sigue
junto a nosotros.

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