lunes, 6 de abril de 2009

Cuando el
reflejo no
es reflejo
sino oasis
en medio
de la nada.
Recuerdas
aquello no
dicho sobre
lo que un día
sentiste frente
a sus pupilas.
Huyendo del
camino alejaste
la esencia mintiéndote
a tí mismo que nada
era complejo, no
existía el sufrimiento.
Cerrando los ojos
apuñalabas cada
imagen, retrocediendo
en un laberinto sin fin
la congoja se hacía
visible.
Gritabas sin ser
escuchado, lamento
tras lamento lamías
suavemente las
heridas mal curadas.
Empezando de nuevo
cierras los días, abres
las puertas, abres
la mirada mientras
el viento se ondula
en tu rostro creando
láminas de acero
sobre cada lágrima
aún no derramada.

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