domingo, 5 de abril de 2009


Sábado, tan sólo es la una menos veinte y todavía sigue en el mismo punto de partida, una suave música le hace recordar aquello que un día fue y no volverá a ser mientras recorre con la mirada cada palmo de la cocina esperando que alguien pueda rescatarla de la soledad, su vida se va encogiendo conforme lo hace su cuerpo ardiente en deseos de encontrar la respuesta que logre explicarle el porqué de este estatismo. A su izquierda duerme Funny, esa fiel compañera que durante catorce años ha estado con ella, testigo arraigado al suelo de duelos y dichas, cruzan sus miradas con el fin de comunicarse pues privada de habla no sabe consolar a la que dicen ser su dueña, a esa persona que desde que nació le alimentó, cuidó y abrazó. A su vez centenares de jóvenes queman las calles de Madrid en busca de un corpóreo amor de una noche cercana a la primavera que les haga sentirse únicos y deseados alejándoles de la rutina, emborrachados los sentidos hablan de una efímera felicidad que tiene las horas contadas, entre acto y acto de una esperpéntica actuación las estrellas mueren en un cielo contaminado por un halo nostálgico mientras sueñan con la renovación, ese estado donde las cosas se llamen por su nombre, en el que los sentimientos sean sentimientos y no meros estados transitorios que agonizan cada segundo ahogados en copas sostenidas por los que huyen del miedo, convirtiendo cada debilidad en fortaleza aparente.

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