domingo, 12 de abril de 2009

Sevilla


Mira y calla,
sube a lo alto
de esa Giralda.
Azahar sobre
tu mortecina
piel, pálida,
cristalina.
Años llorados
tras sábanas
insonorizadas.
Tierra que un
día pisaste es
besada por mis
manos.
Tierra de olivos
y naranjos, aquella
tierra convertida
en eterno lecho
donde descansas
eternamente en
el recuerdo.
Rozando el cielo
bailo sobre las
huellas, resucitando
el corazón palpitan
las palabras entre
sepulcrales versos.
Incoloros ritmos
al descompás mientras
tu pelo ya no es cabello
sino manto, donde
tu cuerpo ya no es
cuerpo sino camino
recorrido y escondido.

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