viernes, 24 de abril de 2009


Tumbada en el andén contemplo el selénico mar que pende en lo alto del universo, son sus pequeños cuerpos los que siguen contemplando el vacio. Pensé que de nuevo comenzaba la respiración siendo dicho intento un nuevo sepulcro, lapidada enmudezco pues no tengo nada que hablar, qué deseas que cuente una historia ficticia o real, de verdad quieres que hable de la tierra, del fuego, de este mísero mundo que dejó de creer en el amor, si esperas que camine y pare cuando tú lo decidas, ólvidate pues son aquellos necios que todo lo saben quienes perdieron la oportunidad de conocer cada verso grabado en el corazón.
Contra la pared limo cada herida, ese fuerte peso en la espalda, los días mueren en tus manos, hablas de lo perdido sin ver lo que tienes, nublada la mente ves que tan sólo estamos de paso, los trenes no vuelven, las pisadas dejan huellas ensombrecidas por las lágrimas.
Caes, te encierras, vives en un escenario encerrado en una esfera de aislamiento, no dices adiós, tampoco un hasta luego, aprendemos a vivir conforme se suceden los días.
Borracha de lágrimas, bebo hasta la última gota de sal que me queda, rompo copas, tiro botellas, mar de cristal alrededor de mi cuerpo.

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