domingo, 24 de mayo de 2009

Callada entre
suspiros, cristal
de bohemia
rompiéndose
contra la piel.
Besos deslizándose
sobre la insonoridad
del amanecer.
Cuanto más asciendo
antes desciendo hacia
la oscuridad de una
noche prolongada.
Con o sin final
se cierran las flores
ante temerosas
sensaciones que
arrancan gota a
gota el rocío enquistado
en las pupilas.
Dilatada la mirada,
aprehendo cuanto
moviliza el entendimiento.
Clavo las uñas en el cielo
arrastrándolo hacia
la cama cuando es
la soledad quien desea
besar la cara.
Huyo del miedo,
de ese rechinar de
dientes cuando es
la incertidumbre
quien pone voz
al corazón.
Leo entre tus versos
aquello oculto tras
el recuerdo, abrazo
el miedo, tarareo
viejas canciones
de cuna que palien
la sed de tu boca
aumentando el
corazón para poder
abarcar tu cuerpo.
Ser la recomposición
de esos largos domingos
muertos.

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