domingo, 10 de mayo de 2009

Cuántas razones,
sencillos números
calibrando el día.
Cuantos besos,
cuantas lágrimas.
El desequilibrio
puesto en la balanza.
Sopesando cada
batalla, caen los
cuerpos mientras
tú sigues estático,
en constante letargo
de invierno.
Pasan las horas y junto
a tí la sonrisa.
¿Qué queda de aquellas
palabras dichas y escritas?
Razonadas razones
convertidas en pausados
silencios esperan en la
ventana mientras adormezco
los sentidos.
Sigues ahí, golpeando el dolor,
nadas en la sinrazón de
una tarde de domingo lamentando
no haber hecho nada de lo
prometido.
Vives en un cuadro paisajista,
cada pincelada compone
una mentira y tus mentiras
son fuertes cargas sobre
mi espalda.
Cobarde excusándose con
ligereza sin ver que en tus
manos hay un corazón
ensoñado amándote cada
segundo que pasa.
Sin números ni vagas
esperanzas, todo muere
en esta primavera amarga.

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