domingo, 17 de mayo de 2009


Las horas, esas enemigas de la felicidad se marchaban dejándome atrás en una difícil carrera, cansada me aferraba a una posible llamada que me devolviera cuanto había perdido. Tras las rejas no era posible saber si yo era reo o libertad, nada se movía, eterno día de domingo, mañana y tarde esperando el anohecer onírico.
Cuanto más conoces más pesada es la carga, cuanto más desconoces menos compleja es la adquisición de una euforia marcada por la ausencia de responsabilidad, ¿cuál ha de ser la elección? Vivir conforme piensas o encadenarte a seres mediocres que jueguen con tus pasos encaminándote a palabreríos conformistas que señalan con la mente las carencias afectivas de una sociedad incomunicada por la ausencia de libertad.
Tonos grises en busca de un ápice de color, fuerte pigmento que apacigÜe esas sombras escondidas en el último cajón, hilando la vida a ese corazón destruído por quienes creen que el amor no es más que una pérdida de la noción. Dicen que eres sensible pues tan sólo lograrás sufrir, es mejor huír del sentimiento, dedicarse a prostituír el alma al mejor postor, si amas olvídate de respirar, venden falsas esperanzas en estanterías de ofertas: 2 a precio de 1, al cincuenta por ciento e incluso gratis. La vida está hecha para cobardes, si dejas de encasillarte te señalarán, si caminas junto al arte te dirán que así es imposible vestirse o mucho menos comprar una vida de lujo. ¿Realmente esa es la verdadera felicidad ó un simple artefacto contra la mente?
Sal de ese círculo demente, enloquece amando y al final de tus días dirás que mereció la pena sufrir, reír, llorar, gritar por ese amor correspondido pues es el único camino a la felicidad. No es más libre el que más dinero tiene en cuenta sino el que más se acerca al amor.

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