jueves, 7 de mayo de 2009

Luz de plata,
rostro reafirmado
ante el gozo de
un invierno.
Frío acompañado
de dulce atuendo,
todo cambia, estática
razón refugiada, presa
del temor a no ser
entendida.
Prolongadas amapolas
reflejadas en el cielo,
triste primavera,
florecientes almendros,
amarga nata cubriendo
el sendero.
Bajo la sombra de
un ciprés, paro,
me arrepiento,
rozo con los dedos
polvorosa sombra.
Con esencia, táctil
visión taciturna.
Muevo cada dedo
dibujando con esa
luz lo que sería
un momento perfecto,
depositando en la
perfección la olvidadiza
felicidad del amor eterno.
¿A tan alto precio
venden el ser?
El ser ente, cuerpo,
alma, palabra o verso,
dotada de respiración,
suspiros desalentados,
cansados de una soledad.
Soledad moribunda
regocijada en el pasado,
ideas cantadas en las
pausas de ese silencio,
te miro, te observo,
esbozo tu mirada
desde el destierro.
¿Cuánto vales,
cuánto tientes?
Piensa, párate un
momento.
No vendas aquello
nacido del corazón,
no vendas falsas
verdades ni mentiras.
Sueña y cuanto mayor
sea el sueño lucha por
ello pues somo oníricas
encadenaciones dotadas
de respiración y cuerpo.

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