miércoles, 6 de mayo de 2009

Un día amé
creyendo ser
correspondida.
Un día creí en
él, lo abracé.
Un día muerto
en el regazo,
ahora río con
ironía las lágrimas
vertidas.
Un día pensé que
era feliz que la vida
era vida en función
del amor que poseía.
Poseía poesía máximo
lenguaje del corazón,
febril primavera
de vagos recuerdos
enquistados en la
razón.
Un día amé y en
la transacción
definitiva el
mundo creado se
arruinó, en suspensión
de pagos guardo lo
único que aún reside
en la cartera esperando
larga espera mientras
cruzo tristes y desolados
umbrales.

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