jueves, 4 de junio de 2009

Cae el sol
en manos
del cansancio.
Últimos rayos
rasgando la
tierra.
Ojos cerrados,
ya está, no ves,
no sientes, el miedo
sólo es miedo si
tu boca deja pasar
la amarga incertidumbre
del que ama sin amar.
Palabras en paro,
arte de contrabando,
sentimientos figurados
resbalándose por
envenenadas lenguas
de asfalto.
Quema el aire
cuando la respiración
descansa entre suspiros
ensoñados.
Agrietado el corazón,
tan sólo observa cuanto
acontece, inmovilizado,
separado del pecho,
cantan las sirenas
a gran velocidad.
Interrogantes,
exclamaciones,
besos enmarcados
en blancos vacios,
puntos suspensivos
que unen paralelos.
Vida, ¿ésta es la
razón de vivir?
¿Dónde resides?
¿Cuál es tu refugio?
Cobíjame, acaricia
mi frente, llévame
de la mano hasta
comprender aquello
que quieres.
















Dos espaldas

caminando

hacia la contrariedad

de un tiempo que

muere demasiado

rápido.

Mapas, líneas

trazadas sobre

la almohada.

Duermen las

sábanas cubriendo

el llanto.






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