domingo, 7 de junio de 2009

Pienso el vivir,
dos espaldas
alejándose
cuyas mentes
siguen ahí,
selladas en
por el silencio.
Guardando
momentos
el cielo se
cierra bajo
rápidas pisadas
que huyen del
momento.
Quemando segundos,
rompiendo estrellas,
sembrando lágrimas
la vida sale del cuerpo.
Paralizado, con las suelas
en inestable tierra,
saltas hacia el oleaje
enquistando en las
pupilas aquello custodiado.
Ries, media sonrisa
pintada, hilvanando
palabras al corazón.
Cosiendo la oscuridad,
agrietando la luz,
voz quebrada por
la inseguridad.
Subiendo peldaños,
acariciando el metal,
siento frío en este
tiempo tan extraño.
Deseo ser descanso,
ser hogar, ese oasis
donde cubras el
cansancio de páginas
aún por escribir.
Sólido lienzo, blanca
sal endulzada por
besos.
Bañándome en
recuerdos abro
la puerta hacia
el pleno desconocimiento.
Cuadrando segundos y
horas, caen los días
adormecidos en mis
manos.
Gasto la voz, nado entre
el miedo y el ensoñamiento,
dos espaldas mirándose,
alejándose de ese universo
paralelo.
Dos rostros cabizbajos,
hablando desde el
silencio con la mano
sujetando esos pequeños
trozos de corazón difuminados.
Ahora, sin nada en el
regazo, dientes muerden
el estómago, uñas rasgan
las paredes.
Sin llanto, sin tormento,
nostálgica pupila agotada,
consumida por palabras
que hablan sin decir nada.
Guardo la esperanza
para utilizarla, camino
de espaldas contra aquello
infame, insustancial.

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