lunes, 1 de junio de 2009

Si pienso,
si muevo
el corazón.
Convertida
en ese quicio
de una ventana
que da a nuevos
lugares.
Impresionista
de expresiones
olvidadas tras
puertas cerradas.
Pienso en el silencio,
no miento si digo
que el amor sigue
aquí sentado a la
espera de aquello
innato que brote
de las manos.
Esperando en el
borde cristalino
que aún separa
el pasado de lo
vivido suspiro
ahogando el grito
con la mirada.
Muevo el rostro
deslizándolo a
través de fríos
muros obcecados
por esconder lo
perdido.
Mantengo los
pies en alto,
huyo de la humedad,
del ruidoso eco de
los sueños mordidos.
Desatendido el verso
recorre cada pupila,
ancho mar nocturno
aferrado a la única
esperanza.

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