viernes, 24 de julio de 2009


Bailan los
tobillos
mientras
un cuerpo
paralizado
olvida la
respiración.
Bailan los
días sobre
tensas cuerdas.
Bailan las melodías
siendo éstas quienes
cuentan que la vida
no es vida sino un
largo camino no
recorrido que espera
tras cada puerta ser
bien recibido.
Letreros colgados
en la garganta: Auxilio,
un auxilio incendiado,
queman las palabras
sobre la piel.
Brazos pintados,
abrasados por el
rencor de un pasado
que sujeta firmemente
cada neurona.
Flores secas sobre la
cama, flores de plástico
compradas, vocablos
lapidados en busca
de una voz propia.
Aquellos brazos dotados
de habla, cuentas historias,
brazos heridos comentan
que un día soñaron,
esbozan un mundo perfecto,
de pronto, todo quedó
en una amarga bocanada
de humo.
Brazos que contienen
ese sosiego cuando el
duelo es demasiado grande
para un solitario cuerpo.
Somos seres incompletos
en busca de la plenitud.
Lejos de esas lágrimas
de acero, grisáceos
pensamientos aparcados
en doble fila, fácil es
susurrar aquello que
fuimos y tan difícil
encontrar el unísono
eco del futuro que
nos espera.

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