domingo, 26 de julio de 2009



Manos cortadas,
miradas cristalizadas.
Bajo inertes cuerpos
aún perduran el
esfuerzo de quienes
creyeron en el
mismo sueño.
Aterciopeladas
miradas dulcificadas
ante la complejidad
del tiempo.
Cayeron sobre
infértil tierra
las palabras.
Consecución de
ideas guardadas
en el pecho, eran
retales, sus corazones,
apagadas llamas regocijadas
en las cenizas de un viento
que dejó de mover la
esperanza.
Sillas vacías, calles estrechas,
líneas verticales clavadas
en la piel, bululúes señalando
la soledad del que baila
en noche apagada sobre
heridas profundas en la
boca de la garganta siendo
sus ojos profundidades
inalcanzables angustiadas
por la monotonía del que
sueña con pintar nuevas
palabras sobre la cima.

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