sábado, 18 de julio de 2009


Quema, arde
ese asfalto que
cubre las calles
pisando los zapatos,
arañando con los
dientes las heridas.
Madrid, espejo que
aún refleja antiguos
recuerdos.
Esqueleto demasiado
pequeño para sostener
tan gran sueño.
Rostros desfigurados
descansan en la sombra
de un árbol seco,
llegó el calor y con él
el cansancio, detenido
el tiempo encarcelamos
las horas paralizando
cada momento con
cámaras fotográficas.
Madrid aquel oasis
publicitario idóneo
para construír una
cómoda vida, ¿qué
fue de aquel sueño
donde el dinero no
era el objetivo sino
un simple medio?
Sin arte ni palabras,
ojos convertidos en
monedas, bocas selladas
por euros.
La libertad se vende
en bazares extranjeros,
el amor se puede comprar
en supermercados,
el arte no reside en los
sentimientos sino en
puros trámites bancarios:
tanto tienes tanto vales.
Sueñas y te convierte la
sociedad en un marginado
iluso que vive en un mundo
paralelo, besas cada verso
con la punta de cada dedo
y no eres realista sino
una persona de débil
intelecto y falta de voluntad
para trabajar, en resumidas
cuentas un vago cuyo único
objetivo es vivir a costa de
los demás.
¿Dónde está la humanidad?
¿Quién la asesinó o sigue
aún viva escondida en
las esquinas prostituyendo
momentos de felicidad?

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