miércoles, 26 de agosto de 2009

Puede que
mañana,
las sonrisas
de papel
dibujadas
en la ventana
salgan al encuentro
de aquel perdido
en el camino.
Puede que mañana,
tal vez no, aquellas
viejas miradas
quemadas a
cotra luz sean
recuperadas.
Viejas historias
sentadas, vestidas
de luto piensan,
comentan lo que
fue y no será,
agridulce incertidumbre
del que no arriesga.
Las flores dejaron de
llorar siguen caminando
sentadas esperando
las respuestas exactas.
Manos encharcadas
bailan sobre el fuego
esa danza olvidada.
El olvido, ¿cómo
olvidar aquello grabado
tras el cierre de la mirada?
Miro tras los párpados
noches angustiadas,
mundos extraños donde
la soledad sigue acampando,
vigilando cada movimiento.
Sobre la nocturnidad del
juego de las palabras,
caen las semillas sobre
infértil tierra, luchan
por nacer a un lado
del camino, no hay más
muerte que ver el reflejo
de lo que un día fuimos y
no volveremos a ser.

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