miércoles, 5 de agosto de 2009

Rostro proyectado
en su rostro,
dos rostros que respiran
intensamente, las manos
hablan en medio de un
silencio, acelerada respiración,
convertidos en dos gotas,
resbala el tiempo sobre cada
espalda.
Abren los ojos, sus bocas no
hablan, bailan lentamente
el uno con el otro,
sentados, dos cuerpos
entregados, abrazados por un
mismo suspiro cuya respiración
envuelve todo.
Naturaleza olvidada reanimada
por agridulce melodía, dulcificadas
horas convertidas en renovación,
caen los días sobre nuevo escenario,
aquel ideado cuando el dolor
se apoderó del desaliento.
Desasosiego encerrado, ahora respiran,
caminan, dos rostros recorren la
oscuridad de un pasado, luz
pintada sobre dos corazones
que siguen hablando cuerpo a cuerpo
tumbados en un oasis perfecto.

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