domingo, 2 de agosto de 2009

Salen de las
esquinas pequeños
gritos recorriendo el
cuerpo, piden auxilio.
Un auxilio aún por
llegar, esa mano
que despoje el
desasosiego de
un corazón desgastado.
Nacieron de las esquinas
esas manos que golpearon
las pestañas, rincones
de un cuerpo ocultos
tras señales de tráfico.
Viejas postales, viejas
estaciones rehabilitadas,
somos silencio, un halo
encendido, debilitada
luz mientras la esencia
se desintegra.
Respiración exhumada,
caen flores, hojas caducas
sobre fértil tierra, polvo
moribundo descarnado.
Rechina el viento, crecen
los sentimientos y con ellos
los miedos, sólo un latido,
un pausado y candente latido
para saber que el miedo
sólo es un sufrimiento
adquirido, aún sin
ser desprendida la esencia,
caen sobre ellas agónicas
lágrimas mientras el amor
nace de la libertad y son
aquellos segundos en los
cuales se que tu cuerpo
y nombre son el profundo
latido de un largo suspiro,
alimento de un corazón
guardado cuyo irreconocible
valor queda en cada beso.
Bailan las pupilas de cada
lágrima, caen sobre fondo
negro en noche blanca,
caen lentamente deslizándose,
con ese latido en mano, con
esos nuevos ojos, el miedo
solo es miedo pues siento,
quiero, sueño.

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