viernes, 14 de agosto de 2009


Tan pequeña,
tus ojos me
miraron.
Esas dos gotas
negras de lluvia
acariciaron infancia
y adolescencia.
Poco a poco te
vas marchando,
tan pequeña, tan
suave, eres un trozo
de nube junto a mis
manos deshaciéndose
en esencia.
Te miro y tú ya
no me ves, telarañas
en los ojos, tus oídos
apenas escuchan.
Ya no reconoces mi
voz, ¿cómo podré
acariciarte de nuevo
cuando no estés junto
a mí?
¿Quién te cuidará
cuando me abandones?
Catorce años juntas
y ahora, dulcemente
apagas tu rostro,
y yo, aquí, sentada
a tu lado, recordando
cada segundo grabado.
¿Hacia dónde marcarás
tus pasos mi pequeña?
¿Qué será de mí sin tí?
A solas, las paredes
no hablan, el silencio
se mezcla con tu
asfixiado corazón,
se estremecen los
sentidos al pensar
que un inesperado
día no estáras, guardaré
tu corazón en mis manos,
abrazaré cada latido
que de tus pupilas
salen, esas palabras
que nunca aprendiste,
nostálgicos momentos
empañan de brillo
el aroma veraniego.
Somos dos, a solas
en noche templada,
inacabada existencia
a punto de decir
adiós.

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