lunes, 28 de septiembre de 2009


Alto en
sediento
camino,
alto en
tiempo
enrarecido.
Cuerpo,
antes refugio
ahora larga
sombra
bajo un
rayo cegador
de olvido.
Donde reside
la separación
sobre el eco
vacío de un
verso no escrito,
allí es donde
espera el cansancio.
Con una mano sobre
la retina y otra mano
sobre el duro asfalto
camina una mirada
desprovista de
futuro.
Caminas, ¿porqué?
Lloras,¿para qué?
Dejas la vida,
¿por quién?
Un corazón de retal
sobre la mesa envuelto
en polvo tras un último
adiós, percibes la esencia
del yo dejando atrás
el ello.
No descubres, sólo observas
tras un muro elevado.
Callas, tu boca está sellada
por un miedo, siendo el
miedo el perfecto
refugio, ensordecedora
angustia crea la nueva
distancia entre lo que
fuiste y no volverás
a ser por muy intensa
voluntad que deposites
en tu boca.
Actos, acabó el descanso,
ahora tan sólo queda
una melodía rota
y un ensayo.
Refugio, perfecto
camino hacia un
futuro cristalizado.
Tú, olvidado, luchas
por salir del anonimato,
pisas, golpeas, los
dientes cierran
sílabas mientras
éstas bailan entre
el silencio y el grito.
Gritas, chirrian las
cuerdas vocales,
te resistes a paliar
el dolor pues regocijado
en él bañas tu día a
día en una dulce
melancolía.
Melancolía escrita
sobre la piel de
aquellos que amaron.
Melancolía dormida
en tus brazos,
muerte sobre vida.
Siéntate, mira,
atraviesa el segundo,
deposita sobre
el suelo cuanto eres.
Siéntate, escucha,
mira a través
de la profundidad
lo que el silencio
puede ofrecerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario