miércoles, 23 de septiembre de 2009

φίλος άνθρωπος

Hubo tiempos
en los cuales
nuevas cadenas
sujetaban con
firmeza la
inocencia.
Ahora, con
viejos y heridos
candados cosidos
a cada tobillo
impiden que
las lágrimas
sigan su curso,
siendo éste
frágil marfil
enterrado
en la ausencia.
Una ausencia
teñida de un
cruel matiz,
una ausencia
sin voz ni
palabra.
Sentados
aún en el
metro,
las manos
reflexionan,
el corazón
no late, ante
ésto, se recrudece
la ausencia de los
amados, de los
amantes solitarios
que caen al suelo
conforme son
olvidados.
Agrio olvido
sobre los labios,
escamas sobre
la piel, escamas
sobre la mirada,
nada es lo que
un día fue,
sombras, ecos,
aviones rompen
ese cielo que
dejó de ser
cielo convirtiéndose
en fuerte viento de
dudas y despedidas.
Caerán, seguirá
cayendo la mano
sobre el acelerado
pecho, muñecas,
viejos amigos
del destierro.
Allí encontraremos
lo perdido, en el
oasis de aquel
consumido día
cuando tu voz
era voz y mis
palabras un
nuevo latido
encadenado
al mismo
sueño.
Despierto,
ahora levantas
la mano,
arrastras al
silencio ese
reflejo.
Perdido, retomas
lo abandonado,
vives de cada
persona, de
cada esquina
recorrida,
de esos falseamientos
que tan sólo te sirvieron
para cerrar puertas.
Sólo y en tu soledad
recuerdas tras años
perdidos que tan
sólo una vez te amaron.
Bajo tiempo prostituído
duermes el cansancio
de quienes te esperaron.

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