jueves, 17 de septiembre de 2009

Mariposa luna,
luna de papel
sobre plata.
Luz quemada,
cegada por
el rechazo de
una noche
olvidada.
Quemadas
pupilas inyectadas
en dulce sangre.
Sangre, brota
el agua del
ayer, el niño
dejó de ser
niño, dejando
atrás el polvo
de los zapatos.
El niño dejó
de ser niño
convirtiéndose
en cementerio
grabado.
Nadie, no hay
nadie, silencio
máximo encerrado
en el oído, el
niño abandonó
las pupilas de
pupilo llenando
cada átomo de
asonantes palabras.
Titiritero, entre
cuerdas y luces,
tú que hablaste
por bocas extrañas,
tú que decidiste
mudar de corazón
para abrazar mi
forzado destierro.
Soledad amarga
enquista en una
mirada cerrada
abierta solo en
la distancia.
Muerte sobre
vida dañada
camina sedienta
en busca de esa
única esencia
aún encubierta.
Mariposa de luna
abatida por sus
propias alas,
caen las noches
muertas sobre
adormecidos
días que mantienen
la ilusión de un sueño
pues es lo único
que aún respira
en una asfixiante
ciudad donde
el amor no es
amor sino propagandas
y cuentas bancarias.

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