martes, 22 de septiembre de 2009


Sentada
con el
cansancio
en la boca
y las manos
temblorosas.
Fino humo
alrededor
de los nudillos
anidan en
la profundidad
de una mirada
cerrada.
El jóven era
jóven hasta
conocer esa
amistad convertida
en enemiga del amor.
Amamos, sentimos,
de pronto un intenso
frío se abraza al
estómago.
El jóven se hizo
mayor, arrugas
en el costado,
heridas en las
manos, un corazón
sentado a la espera,
cayeron las cenizas
sobre el recuerdo.
Cuerpo sin esencia,
mirada borrada,
pupilas de una
noche cristalizadas.
El tiempo enquistado
sangra conforme
su ausencia arrebata
el único halo de
esperanza.
Cerramos puertas
abrimos sueños,
desterramos las
inocencia, no somos
pupilos, dejamos
de ser dueños
de la fantasía.
Altos y grandes
pseudo ejecutivos
manejan vidas,
médicos de carteras
sanan el desequilibrio
de una soledad preludiada.
Arte, llaman arte al dinero,
llaman arte a catálogos
de moda etiquetados
con palabras que atraen
a masas sin autodeterminación
Nada brilla sobre el suelo
de Madrid, todo murió
aquella madrugada,
ella mirada triste
brazos rígidos
sobre la cara somete
el último suspiro de amor
en noche sosegada.
Él, su respiración,
mantiene la lejanía
perdido en un universo
sin medida jugando
a la eternidad, desea
ser eterno, esa herida
anclada en la melancolía.

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