domingo, 25 de octubre de 2009


Sobre
tierra
infértil.
Sobre una
lluvia que
refleja el
circuito
recorrido.
Arden las
calles mientras
el frío penetra
en los nudillos.
Rasgo el cielo
pintando una
sonrisa, sobre
ella se encubre
la tristeza ante
la contemplación
de palabras
vacías.
Repetidas
sonoridades
destinadas
a ocultar
el llanto.
Las flores
besan cada
noche ese
edurecido
rostro de
la realidad.
Dejaron los
sueños frente
a los hogares,
lo que antes
era refugio
ahora es
perpetua
cárcel.
Acaricio
las miradas
perdidas,
trato de
destruír
la distancia,
acercarme
a ese cielo
desnudo
donde tú
habitas.
Tras tantos
años dormidos
y un corazón
desprendido
quemo cada
segundo que
me aleja de la
vida y me acerca
al eterno destino
pues solo tenemos
un viaje de ida.
Mirando el cielo
recompongo tu
nombre, escucho
esa voz callada.
Cartoce años
llamándote
sin respuesta,
tantos años
escritos por
miedo a olvidarte.
Sin cerrar la puerta
aún conservo
esa última esperanza
cuando abrí la última
puerta y recorrí
esas cuatro paredes,
deseaba encontrarte.
Cerré la mirada
adueñándome
de ti, tus manos,
finas telas de lino
acariciándome.
Los años murieron
junto a tu lápida,
te sigo esperando
entre flores de
azahár, te sigo
esperando pues
lo único que dio
vida a lo inerte
fuiste tu, te
espero porque
fuiste tú quien
abrió mis ojos
mostrándome
que la vida va
más allá de
la primera
fotografía
tomada.

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