miércoles, 28 de octubre de 2009


Viejas puertas
cerradas golpean
la noche.
Herido corazón
para tan pocos años
vividos.
En soledad
la respiración
se hace costosa.
Supiras y en la
unión entre ese
último suspiro
y el recuerdo
son selladas
polvorientas
lágrimas.
Canalizas el
dolor, un golpe
seco humedece
la mirada.
No lloras, no hablas,
el cielo se rompe
conforme desvías
cada pupila.
Pupilas perdidas
en el vacío de
un encarcelado
anochecer.
Abre la puerta,
camina sin mirar,
acelera el paso,
rompe cada calle,
sal de tu cuerpo
eliminando la
distancia entre
el dolor y la
felicidad.
Que tus manos
rompan la cruel
realidad, reconstruye
de nuevo la musicalidad
de cada sentido perdido.
Mírame.
Pues en el mirar
encuentras aquello
que los ojos no
pueden ver.
En el mirar
nace el
refugio que abrirá
nuevas puertas,
donde acariciar
ese rostro.
Esboza ese rostro
en tu rostro.
Suspira hasta curar
la respiración esta
angustiosa noche
de otoño.

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