martes, 3 de noviembre de 2009


Fueron
mirados
los ojos
con dolor.
Los ojos
miraban
las pupilas
mostrando
el cansancio
de una amarga
noche de verano.
Los ojos rompieron
el tiempo y el
espacio.
Los ojos hablaron
desde el silencio,
subieron a lo más
alto, descendieron,
caminaron a través
del cuerpo.
Rozaron el dolor,
quemaron la impotencia,
esbozaron con tinta negra
cada lágrima.
Tantos rostros en el
anonimato, tantos
rostros desfigurados.
Paredes empapeladas
con rostros clavados
en el recuerdo.
Nadan en el sufrimiento
las horas malgastadas
esperando esa carta
no escrita que permita
rehacer el tiempo
perdido.
En la decadencia
de un suelo poco
firme construyen
valores alejados
de la verdad,
venden cadenas
como libertad
cuando lo único
que ofrecen
es esclavitud,
gruesas cadenas
que oxidan la
vida anclándola
en un estado
permanente,
un estado irreal.
¿Qué camino,
qué sonrisa,
qué realidad
alejada del
comercio
será la elección
que te lleve
a la felicidad?

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