domingo, 29 de noviembre de 2009


Salto, cayeron
los sonidos
en insomne
anochecer.
Cuerdas rotas
cantando tras
la rotura de una
realidad.
Cayeron las manos
sobre afiladas
cuerdas, ahogando
sueños con ese
pulso al recuerdo.
Ser recordado u
olvidado, ser
aquello que un
día respiró y en
la decadencia de
esa respiración
quedarse en el
doloroso olvido
de una nota sin
sonido.
Silencio, las manos
dejaron de tocar
el sueño.
Silencio, las manos
recomponen la
añoranza, esa
desafinada lágrima
compositora de
palabras extinguidas
en el momento que
son versificadas.

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