martes, 10 de noviembre de 2009


Sola, a solas
entre sillas
vacias en el
oleaje de una
espera.
Esperada silla
sin ocupante,
pasó el tiempo
y no apareciste.
Escrita la espera,
la libreta pasó de
página tratando
de hacer frente
a angustiados
versos refugiados
en tinta negra.
Esperó la tarde
y en su propio
anochecer sintió
un intenso frío .
Los pies caminaron
alejándome de la
ciudad, los rostros
gritaban, las sonrisas
eran aniquiladas.
Madrid se vistió
de gala para sepultar
la esperanza.
A solas, esa silla
reservada sigue
desocupada.
Puede que mañana
el tiempo hable de
sueños.
Puede que mañana
esa espera se convierta
en beso siendo prosificada
en dos cuerpos.
Hoy nació y murió
el día entre solitarios
versos que miraron
por la ventana por
si su rostro se acercaba.

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