miércoles, 4 de noviembre de 2009


Tanta oscuridad,
tantos lápices
sin punta asesinados
sobre blancos folios.
Ahora, la lluvia cae
sobre el recuerdo,
reflejados sobre
pequeños charcos
los instantes son
absorvidos, los
pequeños gestos
son guardados.
Lápices nuevos
en el bolsillo deseando
ser utilizados para
plasmar la realidad
de un sueño materializado.
La diferencia entre soñar
y tener sueños es lo que
la realidad está dispuesta
a dar para que el cuerpo
sea envuelto por esa perdida
esperanza.
Ahora, la esperanza cambia
el entorno conforme los pies
avanzan dejando aquellas
sombras amargas en el
último rincón, aquel
cementerio donde
fueron lapidadas
las lágrimas.
Nuevas formas de
contemplar, nuevas
maneras de saborear
el caminar.
Caminaban las manos,
caminaban las sillas
vacías.
Esa silla vacía descrita,
dibujada con letras,
esa solitaria silla
acompañante de
versos rotos ha sido
ocupada por un nuevo
universo.
Tantos mundos y sólo
uno de ellos, inconcebible
para el corazón, sentado
frente a mi universo,
no hay muros, tan solo
un amplio espectro
por acariciar hasta
alcanzar la plenitud
de un dulce beso cuyo
eco sea prolongado.

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