domingo, 13 de diciembre de 2009



Corriendo a través
de mutiladas heridas,
la tierra huye de sí
misma tras abandonar
el esplendor de una vida.
Sufre más que sonríe,
llora más que ríe,
no comprende tan
sólo apagó la luz.
Tiró la venda,
vio tan sólo
decadencia de
hora prostituídas.
Caminó entre
golpes y golpeados,
sintió la naturaleza
a través de aquellos
que desterraron la
inocencia.
Esperó grandes
cambios, esperó
sentada mientras
el universo rodeaba
su cuerpo, sintió
el envenenado
frío de una sociedad
obsesionada por el
artificio.
Falso decoro de irreales
decorados pintados
con ligeros esbozos
de un supuesto día
perfecto.
Fue el solitario
anochecer quien
mostró la ira del
pasado.
Sigue huyendo,
alejándose de nosotros,
cuerpos paralizados
por el amplio espectro
de un futuro deseoso
de un presente convertido
en verso continuo e inacabado.

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