jueves, 3 de diciembre de 2009

Encendidas
luces cegadas
por la verdad.
Irritadas pupilas
sobre enmudecida
ciudad.
Golpeada por pies
unidireccionales
en un doloroso afán
consumista,
en el decoro de un
abrazo la soledad
es ahogada.
Luces encendidas
ensombreciendo
la realidad,
pisados los sueños,
suspendidas las
horas del leve
ruido del silencio
las palabras vienen
sujetando con firmeza
el estómago.
Nada prevalece,
las máscaras
desmaquilladas
mostraron al
fin esa onírica
mirada pintada
cuando dijeron
que la vida
iba más allá.
Seco, rostros
sedientos
sometidos
a insanas
habladurías,
rostros conformistas
con el primer golpeador
de puertas.
Qué fácil resulta
desterrar y olvidar
en ese esqueleto
demente.

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