miércoles, 30 de diciembre de 2009

Girando,

girando

el día sobre

arrebatos

melancólicos.

Grita el viento,

se adentra en

la esencia, corre

demasiado rápido.

Pone sus manos

sobre el pecho

retorciendo las

entrañas.

Dolorido tímpano

tras la adquisición

de extrañas escenas

cuyos versos fueron

prosificados por la

ausencia de sentimientos.

Muere la naturaleza

tras el paso fugaz

de un cuerpo que tan

sólo se refugió del

temporal.

Personas refugiadas,

personas que huyen

del pasado se detienen

en un camino moldeándolo.

Remolinos visten la piel

desplanzándome hacia

aquella lejanía, es la

voz perdida, la voz

cuyos ojos atraviesan

el umbral del autoengaño.

La voz insonora de

palpitantes ocasos,

fue la voz anclada,

resignada pendida

en el morir resucitante

de un sueño dormido.

Madrid quema las

últimas lágrimas,

Madrid arde junto

a solitarios días

en busca de un

nuevo trabajo.

El tiempo se

cansó de asesinar

ilusiones, se cansó

y huye enloquecido

gritando a la espera

de esa única oportunidad.

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