martes, 29 de diciembre de 2009

Mordido el
polvo tras
un irónico
y punzante
anochecer.
Ahora soy
pequeños
brotes de
cristal.
Corría
por altas
cimas en
el afán
de alcanzar
el interminable
beso tras la
detención
de todo
extraño
factor.
Despertar,
ver la realidad
en el anonimato,
ver la realidad
desde una ventana
mientras el silencio
me señala por no
escuchar las palabras.
Enmudecida de manera
obligada la lluvia cae
esta noche llena de
agrios sarcasmos
que despertaron
la realidad mientras
soñaba con las manos.
Duele ver pasar
rostros desconocidos,
rostros sonrientes
señalándote que
nunca obtendrás
lo esperado.
Puertas, tan sencillas
y dolorosas frente
a una silla vacía,
golpeas, no se abre,
una mano sujeta
con fuerza, te rindes,
luchas, agónica
batalla emprendida
de la cuál parte de
tu esencia morirá
injustificadamente.
Puerta, tan sólo
esa puerta sin
llave, golpeas
silenciosamente
perdiendo la
existencia
al imaginar
que parte
de tí habita
en ese lado
en el cuál
deseas estar.
Puerta entre
mundos de
cristal sangrante,
vagabundos del
ayer esperando
renacer en el
mañana.

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