martes, 22 de diciembre de 2009

Se apagó
amargamente
un dulce vida
sobre Madrid.
Tembló la calle
tras el último
suspiro, durmió
en las manos
eternas de la
luna.
Su cuerpo dejó
el brillo, ahora
un fuerte viento
azota la mirada
de seres queridos.
¿Dónde podrán
encontrar el abrazo
materno aquellas
niñas que hoy
perdieron aquel
seno que les dio
propia identidad?
¿Cómo retomar
el latido si el latir
dejó el sonido
en una repentina
despedida sin
palabras?
Luces apagadas
en este día donde
su voz fue perdida,
luces apagadas, Madrid
de luto para quienes
vieron un alma separarse
de ese jóven cuerpo.

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