domingo, 31 de enero de 2010

¿Hablar por
hablar?

Silencio.

Prefiero el
silencio
atrapado
en el supiro
de la mirada
a decir palabras
cuyas rimas
son pies quebrados
en la angustia
nocturna de un
amanecer ingrato.
Ver adormecer
el pensamiento,
callar el gesto,
desterrar el
onírico sonido
de máscaras
que bailaron
hasta ser
sepultadas
por la realidad
de ese momento
que deseó ser
cristalizado
en el rostro
del recuerdo.
Hablar por
hablar tan
sólo es la
más absurda
prostitución
del tiempo.
Divagar para
encontrarse
acompañado
y huir de la
soledad.
Hablar por
hablar es
la espina
dorsal de
una superficie
vendida a tan
poco precio
que es el hablar
reducido a melancolía
aquel testigo de tardes
perdidas entre
agonizantes rincones
donde las palabras
enmudecieron dando
paso al olvido de un
tiempo envenenado
por el ritmo pausado
de preguntas cuyas
respuestas son y
serán monosílabos.

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