miércoles, 3 de febrero de 2010

Durmieron

en dulce

letargo aquellas

estaciones.

Bajo miradas

heridas fueron

construídos

oasis donde

cada espejismo

fue tan solo un

anhelo.

Ese anhelo atrapado

en el miedo, gritos

ahogados arañaban

las entrañas.

Fueron abriendo

nuevos caminos,

nació de la oscuridad

la luz, esa luz apagó

el sombrío abismo.

Abismo agónico,

dulce sacrifico

en el eco de una

ilusión.

Perdidas esencias

sin cicatrizar cuyos

halos impregnaron

de enquistadas

sonrisas la rotura

de un desaliento

premeditado.

Serán quienes

sobrevivan

en absurda

batalla aquellos

cuyas manos

sean humanizadas

y no demacradas

por la cruel superficie

vendida.

Quienes aman sin

esperar, quienes

miran observando

a través de los

ojos deseados.

Quienes al caer

ya están levantando

sus propios cuerpos,

pues es el caer la

respiración de

un nuevo día.

Tras cada caída

la vida es más

vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario