miércoles, 17 de febrero de 2010


Nocturno,


cantan los


silencios


al alba.


Cantan


apagadas


melodías


en el despertar


de aquellos perdidos


corazones.


Nocturnidad


insensata cuyas


manos moldean


sílabas entrecortadas.


Murieron las voces


sobre la cama


arropando fuertemente


la soledad.


Las calles camiban


entre transehúntes


melancólicos y


olvidados.


Las calles trataron


de besar cada soledad


aumentando el


frenético ritmo


de la respiración.


Entre suspiros y


cigarros fue debilitándose


la esencia.


Nacer humano para


deshumanizarse,


vida pero no


existencia.


Vida realista sin


ser soñada,


morir por un sueño


o abandonarse en


demagogas lenguas


que muerden cuando


hablan.


Estridentes mandíbulas


rompen el tiempo


en decadencia.


Decadencia ascendente


en un mundo en descendencia.


Frío, estremecimiento ante


una degradación constante.


Entre espejos irreales son


visionados los actos enmudecidos,


sin estampar, ilusiones


efímeras pendientes de


un sólo latido que justifique


un sencillo beso.




¿Qué son los besos?


Un universo nuevo donde descubres nuevos sueños, esa puerta cerrada durante tanto tiempo, ese verso renovador de palabras. Observas, pierdes el mirar ante tanta prostitución de besos que irritado sueñas con ese ideal fortificando la esperanza, entre cansancio y abatimiento pintas el brillo de la mirada pues sabes que serás algún día besado.


En cuestión de pocos segundos sientes como esos labios escriben sobre tu rostro. La resbaladiza felicidad se refugia en la boca para no desaparecer, comienzas una nueva página deteniéndote en cada pequeño detalle, esa relación de guiños te llevan de la mano al pasado, viajas adquiriendo en cada estación el melancólico sabor de una infancia arrebatada por el desaliento de la madurez.


Las marionetas te hablan, ellas te besan en la distancia.




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