martes, 2 de febrero de 2010


Soledad.
Temblor
esculpido
en agrietadas
manos.
Sudor frío
en noches
cuyos ocasos
observan la
vida atrapada
en un onírico
instante donde
tu felicidad no
está junto a ti
sino que se alejó
abandonándote.
Soledad, aquel
hogar asfixiante
cuyas ventanas
son una ligera
mirada, ese
fugaz pestañeo
donde las lágrimas
decoran cada verso.
Bajo lapidadas
horas se contaron
recuerdos, dibujadas
historias desvirtuadas
entre lamentos.
¿Soñar o ser
sueño?
Desear aquello
esperado sin
caer en el olvido.
Caer y levantarse
en el acto, mutilar
el llanto hasta
poder escapar.
Escapar de
aquella mano
que torturó
la mente hasta
capturar la ilusión
encadenándola
a sombríos
cipreses directos
a la pérdida de
ese principio
motor que un
día brilló en
la ilusoria
mirada de
una infancia
arrebatada.
Caerán las
miradas bajo
altos árboles
siendo de nuevo
levantadas
con aquellas
manos que
un día lloraron
y que ahora
necesitan
reconstruír
esos perdidos
pasos hacia
lo soñado
y deseado.

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