miércoles, 24 de marzo de 2010

Los dedos

enredados

en una

taza de

café.

Juegan

con el

humo de

un cigarro

mal apagado,

destrozan el

silencio hermanado

con la soledad.

Autodestrucción

esperando aquello

concedido a medias.

Lamentos enjaulados

penetrando enmascaradas

superficies, Madrid agoniza

mientras el sol renace

tras el ocaso.

Y tú, estático, contienes

el aliento desalentándome.

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