sábado, 10 de abril de 2010

Tantos corazones heridos,
ocultos y perdidos huyendo
de la realidad en las frenéticas
noches madrileñas que a veces
la percepción es distorsionada
por melancólicos movimientos
que tan sólo llevan al descontrol
y pérdida de los sueños.
El mundo bajo arrastrados
pies, caminos paralelos
escribiendo sobre la cara
grandes rótulos que callan
más que hablan.
Precisando más aire de lo
necesario, el cielo cae
sobre los ojos.
Golpes en las mejillas
ante la impotencia
autodestructiva plasmada
en fotografía.
Los observas sutilmente
mientras pierdes la mirada
en cada tristeza ajena,
cae una pregunta al suelo:
¿sonríen o maquillan sus
bocas?
Aferrados a cerraduras
absurdas difuminadas
entre carcajadas cosen
al silencio interno
el cruel paso del tiempo.

Apatía.

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