miércoles, 13 de octubre de 2010

Carretera.-
Entre coches,
estampadas
sobre el asfalto
quedaron infinidad
de lágrimas atropelladas
por la impotente soledad.
No llovía, tanta falta
hizo esa tormenta
que lograra desatar
el dolor.
Un cuerpo paralizado,
un cuerpo entre bloques
dinámicos tratando
de abandonar la piel
y convertirse en cielo.
Frío, muere el corazón
entre individuos, ¿cuál
será el latido detonante
de la felicidad?
Muere, ella muere
en este desierto
carente de lealtad.
Agoniza mientras
respira doloroso
aire esperando
ese oasis tan solo
habitado mientras
duerme.
Olvidar quien
fui para saber
quien soy,
huír del yo
y a través del
ello esbozar
el tiempo
hasta lograr
abandonar
el abismo.

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